Actividades 2004
Reflexiones acerca de la construcción en las Sierras
En muchísimas ocasiones ante problemas concretos debemos lamentar la falta de previsión y pedimos un mínimo de ordenamiento que supere las deficiencias de un crecimiento caótico. En esas ocasiones invariablemente se pide cambiar la política del parche por políticas estratégicas. No es necesario aquí colocar un ejemplo, cada ciudadano podría enumerar unos cuantos.
Las Sierras de Tandil, durante larguísimos años fueron vistas por los “inversionistas” como terrenos improductivos o reservorios de piedra para moler. En los últimos años, la identificación de las Sierras con la calidad ambiental, vida tranquila y espacio recreativo deseable tanto para residentes como turistas ha movido a muchas empresas y particulares a una carrera por la apropiación no ya sólo de los terrenos sino de los beneficios de una identidad. La identidad verde, la calidad de vida diferencial, o la mayoría de las razones que mueven a edificar en las Sierras son una “construcción” del conjunto de la ciudanía que en esta época histórica “ve “ a las Sierras de una manera diferente a la visión predominate en otras épocas.
Todavía no llegamos a una visión que se compare en respeto a la Naturaleza a la que tenían y tienen los pueblos originarios, pero vamos aprendiendo de los errores y hoy mayoritariamente comprendemos la necesidad de revalorizar y cuidar el Patrimonio Natural. Es esta revalorización de las Sierras por el conjunto de la sociedad la que genera más opiniones y acciones preservacionistas y, tambien, la que despierta en unos pocos el afán de apropiarse para sí del disfrute de ese espacio o del lucro por su explotación económica.
La misma superficie de tierra ha tenido distinto “valor” (no sólo económico) en distintas épocas y esto no se debe a cambios en el terreno sino en los contextos construídos por el conjunto de la sociedad en el marco del los cuales adquiere significación la valoración del terreno. Un ejemplo claro en este sentido es la ladera de los cerros que rodean al lago. El valor que deviene de tener vista al lago y estar sobre la avenida de circunvalación se debe a la re-construcción sucesiva del paisaje con Pej la construcción del Dique, la islita, las sucesivas modificaciones de la infraestructura, la vista de la ladera del parque (diseñada por un Ing.Agrónomo que pensó y trabajo mucho por Tandil a pesar de soportar una absurda indiferencia, Hector de Diego). No sólo se trata de lo visible materializado en los alrededores, sino de cultura, educación, costumbres, situaciones. Son las acciones del conjunto las que van definiendo los nuevos valores de los espacios. Cuando un propietario invoca un supuesto derecho a decidir él solo que hacer con el terreno está olvidando que lo que le da sentido a su proyecto es el contexto definido por el conjunto de los ciudadanos y la valorización social del mismo. Si esto no es así, y el proyecto vale en sí mismo no tendrá inconveniente en ser realizado en algún otro lugar.
Muchas veces la defensa de algunos emprendimientos se argumenta en función de una idea particular de progreso de la ciudad, “traer plata”, etc, pero está claro que quienes tengan la intención de hacer algo que realmente sume en la ciudad no lo pretenderán hacer a expensas de quitarle algo ya existente e importante para todos. Si así fuera, no sería “traer” a Tandil, sino hacer un negocio a partir del usufructo de un bien ya existente y cuyo valor en gran parte está dado y/o fue generado por el conjunto. Si se tratara de invertir en Por ej: un hotel, bien podría hacerse en zonas llanas, mirando hacia las Sierras y con la opción de caminar una paisaje abierto a locales y turistas
Sería tonto negar que hay un conflicto de intereses. Pero una sociedad democrática tiene que tener claro siempre que el interés del conjunto debe prevalecer sobre el interés de un particular. Y es el Estado el que debe y puede tomar las medidas para proteger el bien común.
(Y en esto ya tenemos una cuestión pendiente, urgente y gravísima con la destrucción de las Sierras en aras del interés de las empresas mineras).
En ese sentido es necesario recordar que el Estado tiene la atribución de ordenar el uso del suelo.Si no fuera así, podríamos criar cerdos en el microcentro o abrir boliches al lado del hospital. Todos los ciudadanos aceptamos regulaciones todo el tiempo porque sino no se podría vivir en sociedad. En este sentido es necesario distinguir entre la resistencia a la regulación estatal ejercida por algunos grupos con cierta prepotencia basada en la disponibilidad de recursos económicos u de otro tipo y el reclamo de que las regulaciones se realicen con la debida información y participación. Esto último no niega la atribución del Estado para hacer la regulación, esencial a la tarea de gobierno, por el contrario, parte de reonocerla como una responsabilidad indelegable.
Nuestras Sierras no son piedra moler, no son sólo terrenos con pendiente, superficies de definición catastral, substratos rocosos o localizaciones de tal o cual emprendimientos, son mucho más. Son lo que todavía no son y serán para nuestros nietos. Son Patrimonio Natural de Tandil y las regulaciones sobre su uso son un tema de bien común ligado tanto a las generaciones actuales como a las futuras. Ningún derecho particular puede ser superior a ese derecho que tenemos en cuanto conjunto. Por eso el debate sobre la construcción en las Sierras antes que nada es un debate sobre si somos una sociedad o una colección de fragmentos-individuos peleando entre nosotros en un universo exclusivamente regido por derechos particulares. Ser ciudadanos de una sociedad democrática supone que aceptamos la existencia de derechos propios del conjunto en el marco de los cuales podemos ejercer los particulares.
Preguntar: construcción en las Sierras ¿si o no? Es tambien preguntar ¿Queremos una ciudad con Sierras o una ciudad construída sobre Sierras? ¿Sierras como espacio y paisaje de la ciudad que se puede mirar y caminar, o Sierras como espacio y paisaje fragmentado y de uso exclusivamente privado?
Esta cuestión es central para nuestro presente y futuro. No podemos mirar para otro lado. Hay que definirse. La ciudadanía, cada uno de los tandilenses, debe decir si quiere Sierras para todos o para unos pocos, y decidir si quiere la preservación de las Sierras o si está de acuerdo con su explotación minera o inmobiliaria. Si ejerce el derecho del conjunto o si cede y deja en soledad a quienes tienen que decidir y soportan la enorme presión de algunos intereses particulares.
El paisaje que le dejaremos a nuestros nietos depende de nosotros y la medida en estudio que evitaría la construcción en las Sierras va a diseñarlo quizá más que ninguna otra. Con independencia de colores políticos este tema es de todos, es central y es urgente.
Los country, los hoteles, las casas particulares pueden hacerse en otros lugares. Las Sierras no, y una vez que se modifican no podemos volver atrás.
Quienes quieren hacer emprendimientos que aporten realmente a Tandil seguramente encontrarán muchas oportunidades de contribuir en una ciudad que demuestre la inteligencia de cuidar su Patrimonio Natural y Cultural.
Convivir con las Sierras, crecer y vivir rodeados por ellas debiera ser nuestra vocación, no la conquista, la fragmentación, la transformación en un mero espacio privado urbanizado o en tristes huecos para siempre.
Ana María Fernández Equiza.
13 de octubre de 2004


